9 de febrero de 2026, UE. Imagine que su sistema financiero es una autopista. Es rápida, conveniente, por ella circulan a diario billones de euros. Pero las cabinas de peaje de esta vía pertenecen a corporaciones extranjeras que dictan las reglas, cobran comisiones y pueden cambiar las condiciones de paso en cualquier momento.
Así ve aproximadamente Martina Weimert, directora ejecutiva del consorcio «Iniciativa de Pagos Europea» (EPI), la dependencia de Europa de Visa y Mastercard. Su reciente entrevista con el Financial Times no es solo una crítica, sino una llamada directa a la acción. «Necesitamos acciones urgentes», declaró. Y Europa ha comenzado esas acciones. Aunque en dos frentes que a veces compiten entre sí.
Las cifras del Banco Central Europeo (BCE) no dejan dudas sobre la magnitud del problema: en 2022, casi dos tercios de todos los pagos con tarjeta en la eurozona los procesaron los dos gigantes estadounidenses. En 13 países de la unión no había ninguna alternativa nacional. Una situación que hace un año también señaló la presidenta del BCE, Christine Lagarde, al calificar la creación de una alternativa europea como una cuestión de control financiero y preparación para situaciones impredecibles. Tras tales declaraciones, la pregunta de «¿hay que cambiar algo?» quedó descartada. Quedaba la más difícil: «¿cómo?». Para las economías latinoamericanas que buscan reducir su dependencia de los sistemas de pago extranjeros, el enfoque dual de la UE ofrece un modelo inspirador sobre cómo combinar la iniciativa privada y pública para fortalecer la autonomía financiera regional.
Frente privado: el consorcio EPI y su Wero
El primer camino es de mercado, privado-bancario. El consorcio EPI, que incluye a titanes como BNP Paribas y Deutsche Bank, dio su paso en 2024, lanzando la aplicación de pago Wero, la respuesta europea a Apple Pay. A día de hoy, el servicio ya cuenta con 48,5 millones de usuarios en Alemania, Francia y Bélgica. Los planes son ambiciosos: para 2027, expandirse a los pagos online y al comercio minorista físico en toda Europa. Es un intento de crear la alternativa «transfronteriza» de la que habla Weimert, reconociendo que, a pesar de los «buenos activos nacionales», la UE carece de una solución unificada. Sin embargo, según el FT (el acceso al material puede ser de pago), la ruta de la EPI es evolución, no revolución. Compiten por el usuario dentro de un ecosistema ya establecido.
Frente estatal: el euro digital como base de la soberanía
El segundo camino es estatal, y es mucho más radical. Es el proyecto del euro digital impulsado por el BCE. La idea es crear no solo otro servicio de pago, sino una versión digital del efectivo emitida por el banco central. Como señala la presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo, Aurora Laluk, esto podría proporcionar «una base sobre la que, tras la consolidación, podría construirse potencialmente un equivalente europeo de Visa o Mastercard». Hace un año, en un podcast, Christine Lagarde declaró directamente que Visa, Mastercard, PayPal y Alipay están controlados por empresas estadounidenses o chinas, y que la UE debe crear una alternativa para mantener el control sobre sus finanzas.

Pero aquí hay una seria contradicción interna. Los bancos privados, que forman parte de la misma EPI, temen que el euro digital, especialmente si permite abrir cuentas directamente en el BCE, socave su base de depósitos y su papel en los pagos. Se prevé que la votación en el Parlamento Europeo sobre este proyecto, más adelante este año, sea «muy tensa y se decida por un margen mínimo».
La batalla por la cartera europea: ¿qué significa para las empresas y Ucrania?
Esta «guerra de pagos» europea no es solo un asunto interno de Bruselas. Tiene una relación directa con las empresas ucranianas, especialmente las que operan con la UE.
- Nuevas oportunidades para el fintech. La aparición de una nueva infraestructura de pago europea abierta (ya sea la EPI o las API para el euro digital) creará espacio para soluciones especializadas. Los desarrolladores ucranianos, fuertes en TI, podrán ofrecer sus servicios sobre estas plataformas.
- Reducción del costo de las transacciones. La competencia siempre es beneficiosa. Si los comerciantes obtienen una opción europea real más allá del duopolio Visa/Mastercard, esto podría ejercer presión a la baja sobre las comisiones de adquirencia para las empresas ucranianas que venden en la UE.
- Una lección de soberanía financiera. Europa demuestra claramente que el control sobre la infraestructura financiera crítica es una cuestión de seguridad nacional (o supranacional). Esta es una lección que vale la pena aprender, especialmente en el contexto de la integración con la UE y la construcción de nuestro propio sistema financiero resiliente.
Por lo tanto, lo que está ocurriendo en la UE no es solo una batalla de tecnologías, sino también la formación de una nueva realidad competitiva y política en el mercado financiero. Ucrania, como futuro participante en el espacio europeo único, debe seguir de cerca este proceso, preparándose no solo para adaptarse a las nuevas reglas, sino también para beneficiarse de ellas, fortaleciendo su propio potencial tecnológico y económico.
¿Quién ganará: los bancos, los burócratas o los gigantes estadounidenses?
Es difícil predecir el resultado de esta lucha. La EPI, a pesar de sus poderosos respaldos, debe convencer a millones de europeos de descargar otra aplicación y cambiar sus hábitos. El euro digital necesita superar la resistencia del lobby bancario y resolver las cuestiones más complejas de privacidad e implementación técnica.
Pero el mero hecho de que Europa se haya puesto a resolver un problema del que apenas se hablaba hace diez años es revelador. El mundo avanza hacia la regionalización de infraestructuras críticas, y las finanzas van a la cabeza. Incluso si ni Wero ni el euro digital «matan» a Visa y Mastercard en la próxima década, crearán ese entorno competitivo y esa base tecnológica que permitirán a Europa dejar de ser «muy dependiente». Y en el mundo moderno, eso ya es la mitad de la batalla. Para la UE es una cuestión de control. Para todos los demás, un precedente que merece seguirse de cerca.
